Una superficie de 4.436 Km2 que se extienden sobre una banda de territorio,
con una anchura máxima de 70 Km conforman el territorio de Sobrarbe
y Ribagorza. De forma casi paralela al eje de la cordillera pirenaica.
En esta extensión se distribuyen un total de 52 municipios, con una
población de 17.203 habitantes, en 333 pueblos.
Las
comarcas históricas de Sobrarbe y Ribagorza se hallan ubicadas en
los Pirineos, en la parte nororiental de Aragón, siendo sus rayas
fronterizas Cataluña al este y Francia al norte. Al oeste se sitúa
el límite en los parteaguas entre las cuencas del Gállego y el Guarga
(puertos de Cotefablo y de Serrablo). Al sur, el límite queda a caballo
de las sierras prepirenaicas, a la vista de los somontanos.
Las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza, enclavadas en pleno Pirineo
Central, conforman un extenso y variado territorio, de acusada personalidad
cultural e histórica, pero que ha visto como durante los últimos cien
años, y especialmente tras la Guerra Civil, sus estructuras económicas
y de organización social tradicionales se quebraban, incapaces de
resistir los grandes cambios que iban a experimentar la sociedad y
la economía española en ese período, y que convertirán a estas tierras
montañesas en proveedoras de mano de obra y recursos naturales para
satisfacer las demandas de los grandes centros urbanos y de las poblaciones
agrícolas de la tierra llana.
Este territorio fue pionero en la conservación del medio natural con
la declaración en 1918 del Parque Natural del Valle de Ordesa, ampliado
y recalificado en 1982 al actual Parque Nacional de Ordesa y Monte
Perdido, recientemente catalogado como Patrimonio de la Humanidad.
Con la categoría de Parque Natural están considerados la Sierra y
los Cañones de Guara y Posets-Maladeta. También gozan de especial
protección los últimos glaciares pirenaicos, declarados monumentos
naturales en 1990.
Sobrarbe y Ribagorza conservan numerosas fiestas y tradiciones profundamente
enraizadas en el pueblo y relacionadas, bien con el ciclo anual de
las estaciones o con acontecimientos singulares que las gentes de
estas comarcas desean conmemorar y celebrar como los Carnavales de
Bielsa, romerías, el descenso de navatas, bailes y dances como los
palitrocs de Benabarre, pastoradas, las fogueras de San Juan, el Bal
dels Mayordomos en Benasque, el Festival Internacional de Música del
Castillo de Aínsa y la Morisma o la Mojiganga en Graus.
Como es habitual en las zonas de montaña, donde la economía tradicional
se ha apoyado fundamentalmente en la ganadería, los productos de origen
animal juegan un papel muy importante en la gastronomía. Destacan,
sobre todo por su variedad y calidad, los derivados de la matacía
del cerdo, rito y fiesta antiguamente realizada en todas las casas
y a la que actualmente han sustituido las eficaces fábricas de embutidos
de Graus, Benabarre y Boltaña.
Tampoco faltan los quesos. Y, entre los frutos del bosque las buscadísimas
setas y las trufas, producto éste del que el mercado de Graus fue
pionero en España y hoy todavía está considerado uno de lo más importantes.
Además de exquisitos postres, cocas y los más tradicionales crespillos
entre otros, sin olvidarnos del chocolate.
Sobrarbe y Ribagorza, han ido dotándose de una cada vez mas completa
red de senderos, a través de los cuales, el caminante puede llegar
hasta los más recónditos lugares de estas comarcas. Para los amantes
de los deportes acuáticos, estas comarcas ofrecen grandes posibilidades:
desde la práctica de la vela, el windsurf, el ski acuático, el simple
paseo en canoa o el descenso de aguas bravas.
Desde las alturas, se puede disfrutar del Pirineo bien con los planeadores
sin motor que tienen su base en el Aeródromo de Benabarre, o volando
con los ultraligeros de la escuela de vuelo de Gerbe. Otra posibilidad
para los más arriesgados es saltar en parapente desde cualquiera de
las numerosas zonas de lanzamiento que rodean Castejón de Sos y que
convierten a esta localidad en una de las más importantes de todo
el Pirineo en esta actividad. La zona ofrece grandes posibilidades
en el campo de la espeleología, escalada, barranquismo, puenting…
En cuanto a los deportes de invierno, en el Valle de Benasque se encuentra
la estación de esquí alpino de Cerler, la más alta del Pirineo. Hay
también varias estaciones de esquí nórdico o de fondo: Llanos de Hospital
en Benasque y Pineta junto al Parador Nacional de Monte Perdido y
es posible además practicar esquí de travesía o hacer recorridos con
raquetas para nieve…